En mi casa siempre se tejió.
Mi abuela, Claudelina, tejía a dos agujas y al crochet, y también bordaba a mano y a máquina.

 

En mi casa siempre se tejió

Claudelina…

tejía al crochet unos saquitos que se llamaban “mañanita” porque se ponían sobre el camisón cuando uno se levantaba de la cama, o cuando estabas enferma y te quedabas en cama y necesitabas un abrigo extra.

Mías tías, las hermanas de mamá, usaban las mañanitas arriba de las soleras. Siempre fueron mujeres modernas y cancheras. Ya que nadie usaba una prenda de vestir en una forma distinta a la acordada por la sociedad.

El tejido siempre estuvo en manos de todas las mujeres, mientras mi papá solía hacer carteras de bellotas enhebradas en tansa. Por dónde andará esa cartera? Cuantos recuerdos! En la casa de Claudelina nos reuníamos en el living del comedor de diario, porque había otro living para las visitas, y tejíamos a la tarde frente a un enorme ventanal que daba al parque. En el centro del living, en invierno, había una alfombra tejida al crochet con los restos de lana que había en la casa. Era ovalada y multicolor.

Esos encuentros duraron años, hasta que se vendió la casa. Hoy nos seguimos juntando en las casa de cada una de las tías, y el tejido sigue presente.

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La abuela Claudelina…

bordaba a máquina, en la Singer. Tenía todos los pies que eran los accesorios necesarios para bordar sobre tela. Unos elementos rarísimos que parecían más bien ortopédicos.

Mi tía abuela Porfiria tejía con 5 agujas. Hacía guantes y  medias. Pero nunca me enseñó. Eso es algo que no aprendí. Hoy tejo mucho con aguja redonda, pero no lo hago con 5 agujas. A tejer con aguja redonda aprendí sola, a fuerza de hacer los chales de Stephen West que tiene cientos de puntos en una sola vuelta, y que no entran en las agujas convencionales pero sí en las agujas redondas.

 

 

Mi mamá Sara…

tejía a dos agujas, pero nunca me enseñó. Y eso que tenía un negocio en el que vendía lanas. Lo tuvo por 25 años años hasta que lo cerró.

Cuando yo tenía 15 años quise hacer mi primer pullover, entonces le pedí a mi mamá que me enseñara. Así empecé un pullover de mangas cortas, cuello cuadrado, mangas cuadradas, bien fácil. Era amarillo y marrón, aguja número 6, una hebra de cada color. Todo en punto santa clara, por supuesto, o sea todas las vueltas al derecho. Bien fácil. La verdad, ahora que lo pienso, es un buen modelo para repetir hoy con las lanas modernas.

Se comienza tejiendo por el bajo dela espalda, y se teje derecho hasta la sisa, donde se aumentan los puntos para que la manga corta llegue hasta el codo, se cierran los puntos centrales para el cuello, allí se divide el tejido en dos partes y se teje con un ovillo para cada una. Luego se agregan los puntos los escote y se continúa con una sola madeja hasta la sisa, en que se cierran los puntos de las mangas y se continúa derecho hasta el bajo del frente. Es una especia de cruz con un cuadrado calado en el centro que forman el cuello y escote.

El quilting

Toda mi vida tejí, hasta en que el 2001 descubrí el quilting, y entonces dejé el tejido por completo, hasta 10 años después en que una amiga me pidió que le explique las disminuciones para hacer un escote en “V” y tomé nuevamente las agujas y no las solté más. Hasta hoy.

El crochet

A tejer al crochet aprendí sola, mirando de las revistas. Y eso que hoy existe You Tube donde se puede aprender de todo. Espacio Claudelina tiene su propio canal, aunque predominan los videos de crochet y bordado.

El crochet es adictivo, porque al tejer se van contando los puntos y junto a la forma reiterativa de los movimientos de las manos, se va conformando un momento de meditación, sedación, se bajan los decibeles y uno puede evadirse por un rato de las corridas cotidianas mientras siente el placer de sentirse útil y creativo.

 

El tejido

Para empezar a tejer sólo hace falta conseguir un par  de agujas adecuadas para el tipo de lana que queremos tejer. Lo cual se averigua en el negocio de lanas.

Es mejor comenzar con un proyecto sencillo que puede ser un gorro, una bufanda o una manta de bebé. Hay que elegir un punto sencillo como el santa clara, en que se hacen todas las vueltas iguales.

Y sino se pueden tomar un par de clases en algún lugar especializado y a partir de allí fomentar nuestra creatividad.

El tejido no tiene límites, es transportable, ayuda a bajar las tensiones –si es crochet más todavía-, es práctico, nos hace sentirnos útiles y nos ayuda a aprovechar nuestro tiempo en cualquier momento. Ya sea en un aeropuerto, en el tren, en el colectivo, en el consultorio o mientras hacemos la adaptación de nuestros hijos cuando empiezan el colegio.

Vamos! Manos a la obra!

    B I C H A 

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